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Veinticinco libros no se escriben por casualidad. Se escriben con disciplina, con dudas, con correcciones y, a veces, con rechazos. Walter Pardavé Livia, profesor titular de Ingeniería Ambiental y director científico del Instituto de Investigaciones Xerira de la Facultad de Ingenierías y Tecnologías de la Universidad de Santander, lo sabe bien.
A sus 26 años, sintió el impulso necesario de curiosidad para escribir. Fue así que su obra inicial: un problemario de razonamiento matemático vio la luz de una publicación que logró con las ‘uñas’, mientras cursaba su primera maestría en Ingeniería.
Lejos de ser la experiencia ideal, Pardavé se encontró con un escenario que no contempló: no hubo respaldo financiero para su publicación. “Se hizo autofinanciamiento. Elaboré el libro, busqué la editorial, pagué los ejemplares y los difundí de manera personal”, recuerda.
Fotografía: Juliana Peña
Sin embargo, la confianza en sí mismo y en su obra le permitió encontrar la editorial SIC, hoy vinculada a la Casa del Libro Total.
Allí comenzó una nueva etapa. Aunque seguía siendo un proceso de autoedición (pues debía costear los ejemplares), ya contaba con el respaldo de diagramadores y con acompañamiento en diseño, carátula, redacción y revisión.
Ese apoyo marcó una diferencia frente a su primera experiencia editorial y les dio mayor solidez a sus siguientes publicaciones. Pero el camino no fue lineal. Uno de sus manuscritos, titulado ‘Envases y Medio Ambiente’, fue rechazado por una universidad.
“Eso me impulsó”, afirma.
En lugar de abandonar el proyecto, viajó a Bogotá y presentó el material en varias editoriales hasta que fue aceptado por ‘Ecoe Ediciones’.
Esta casa editorial, no solo creyó en su talento sino, además, potenció sus obras, publicando tres libros más, entre ellos De las tres R a las diez R: estrategias ambientales, del que se imprimieron mil ejemplares que se agotaron rápidamente y comenzaron a distribuirse en 14 países.
La verdadera dimensión de su trabajo la entendió lejos de casa. En un congreso mundial de ingeniería en Kyoto, Japón, un profesor de la Universidad de Sevilla le dijo que uno de sus libros hacía parte de la bibliografía de su curso en España.
Fue la confirmación de que aquellas madrugadas de escritura habían cruzado fronteras.
Lo más sorprendente fue que este suceso no fue un hecho aislado. En Venezuela, un profesor le confesó que lo conocía desde hacía diez años a través de su libro ‘Reciclado Industrial de Metales’, mucho antes de estrechar su mano. En ese momento comprendió que un autor puede ser leído, citado y recordado incluso antes de ser presentado.
También ha visto sus textos en escenarios inesperados. En aeropuertos de México y Perú encontró ejemplares exhibidos en librerías.
En Lima, incluso, descubrió copias piratas vendidas a la entrada de la Universidad Nacional de Ingeniería. Aunque la situación no era la ideal, el mensaje era claro: los estudiantes lo estaban usando.
La circulación internacional se consolidó con editoriales que distribuyen en 14 países y, más recientemente, con plataformas digitales como Amazon.com, que comercializan sus libros en distintos idiomas.
Varias de sus publicaciones han sido editadas en inglés, francés, italiano, alemán y portugués, además del español.
Más allá de las regalías, Pardavé insiste en que el mayor reconocimiento es otro: saber que sus textos siguen generando consulta, conversación y, en algunos casos, nuevas publicaciones.
“Siempre vamos por más”, repite.
Fotografía: Juliana Peña
Para Pardavé, escribir no depende de tener tiempo libre. Durante años trabajó en jornadas de madrugada, entre las 2:00 a.m. y las 6:00 a.m., mientras su familia descansaba, él tomaba apuntes, revisaba sus notas y sus cuadernos de viaje.
Cada madrugada rindió sus frutos, por eso para este ‘maestro’ que no existe una receta única sobre cómo escribir un libro, pero sí una condición esencial: atreverse.
Sostiene que cada profesor o investigador tiene algo que divulgar, pero muchos se quedan en la intención porque esperan publicar únicamente grandes resultados de investigación.
Él propone otra ruta: convertir la enseñanza, las discusiones académicas, los viajes y las inquietudes personales en libros de divulgación.

“No hay un tiempo adecuado. Hay que plasmar la inquietud”, explica. Para él, las críticas son parte del proceso creativo y funcionan como alimento para mejorar.
En ese sentido, la exposición del 13 de abril será, en sus palabras, una forma de compartir ese recorrido y de dejar constancia de un proceso sostenido en el tiempo.
Esa noche, en la Casa del Libro Total, no solo estarán alineadas 25 portadas. Estará reunida la historia de un profesor que decidió que sus clases no terminaran en el aula y que cada experiencia, cada debate y cada tropiezo también podían convertirse en libro.
Universidad de Santander UDES. Vigilada Mineducación.
Resolución otorgada por el Ministerio de Educación Nacional: No. 6216 del 22 de diciembre de 2005 / Personería Jurídica 810 de 12/03/96.
Institución sujeta a inspección y vigilancia por el Ministerio de Educación Nacional. Resolución 12220 de 2016.
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