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En Bucaramanga, en fundaciones, colegios, hogares comunitarios y otros espacios donde la atención en salud enfrenta múltiples desafíos, residentes de la Especialización en Medicina Familiar de la Universidad de Santander (UDES) con el acompañamiento de sus profesores, desarrollaron proyectos de intervención enfocados en la prevención, el cuidado y el acompañamiento de poblaciones vulnerables.
Estas experiencias fueron presentadas durante la VII Jornada de Socialización de Resultados de Proyectos de Gestión en Medicina Familiar, un escenario académico que permitió compartir aprendizajes construidos directamente con las comunidades.
Foto: Juliana Peña
De acuerdo con la Doctora Paola Andrea Rueda García, directora del programa de Medicina Familiar, los proyectos se diseñan desde los componentes formativos de comunidad, gestión y educación presentes en el currículo de la especialidad, con el propósito de consolidar el aprendizaje de los residentes a través del trabajo directo con la comunidad.
“Buscamos sacar la medicina del consultorio y del área clínica para estar con la comunidad, que es uno de los principios fundamentales de la Medicina Familiar”, explicó.
La jornada evidenció procesos de trabajo interdisciplinario e interprofesional, construcción de alianzas institucionales y propuestas diseñadas para mantenerse en el tiempo. Aunque cada cohorte formula nuevos proyectos, varias iniciativas dejan bases sólidas para ser continuadas por futuros residentes o articuladas con programas de pregrado de la Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud.
Foto: Juliana Peña
En esta versión de la jornada, uno de los cuatro proyectos presentados continuarán con residentes del programa, mientras que el resto seguirá su desarrollo con apoyo del pregrado de Medicina, garantizando la permanencia del trabajo con las comunidades intervenidas.
En la Fundación Albeiro Vargas y Ángeles Custodios, un grupo de residentes encabezado por Angy Lucía Méndez Araza, junto a Sandra Paula Castro y Juan Carlos González, asumió un reto clave: trabajar con 86 adultos mayores en condición de vulnerabilidad, muchos de ellos sin historia clínica ni registros previos de salud.
“Empezamos literalmente desde cero”, explicó Méndez. El equipo realizó valoraciones geriátricas integrales, construyó historias clínicas completas y priorizó patologías prevalentes como hipertensión arterial, falla cardíaca y demencia.
Foto: Juliana Peña
Los resultados fueron concretos: el 100 % de la población quedó con carné de vacunación digital actualizado contra influenza; se aplicaron pruebas cognitivas a todos los adultos mayores; se realizó tamizaje para enfermedad de Chagas al 100%; y el 78 % accedió a electrocardiogramas con lectura especializada, gracias a alianzas con la Fundación Cardiovascular.
Además del impacto clínico, el proyecto incluyó acciones orientadas a mejorar la calidad de vida, como jornadas de autocuidado y capacitación en acompañamiento de fin de vida, que beneficiaron no solo a la fundación, sino también a hogares geriátricos de todo Santander.
Foto: Juliana Peña
Actualmente, el proceso continúa mediante el semillero Raíces, orientado a la investigación en envejecimiento, con la participación de seis residentes y múltiples trabajos de investigación en curso.
En el colegio José Celestino Mutis, otro equipo de residentes abordó una problemática sensible: el consumo de sustancias psicoactivas y la salud mental en 256 adolescentes. El proyecto, liderado por Leidy Angélica Páez Rincón y Michel Andrés Vanegas Beltrán , se desarrolló durante dos años e incluyó la aplicación de diversos instrumentos de tamizaje.
A partir de pruebas como DAS-10, POSIT y PHQ-A, se identificaron factores asociados al consumo, entre ellos síntomas depresivos, comportamientos de riesgo y disfuncionalidad familiar. Cerca de 49 estudiantes presentaron síntomas de depresión, con mayor frecuencia en adolescentes alrededor de los 14 años.
Foto: Juliana Peña
Las intervenciones incluyeron talleres teórico-prácticos, actividades de mindfulness, promoción de la actividad física y espacios de diálogo.
Tras las acciones implementadas, se evidenció una reducción en los consumos más severos y un aumento en el conocimiento sobre riesgos y estrategias de prevención.
Como producto final, el proyecto dejó establecidas rutas claras de atención para casos de depresión y consumo de sustancias, actualmente disponibles para la comunidad educativa.
En la misma institución educativa, pero con un enfoque distinto, Ronald Meneses, Valentina González y Yolanda Escandón lideraron un proyecto orientado a la prevención de embarazos en adolescentes.
El punto de partida para la intervención fue una situación concreta: un embarazo en grado undécimo. Desde allí, el equipo priorizó el trabajo con estudiantes de noveno, décimo y undécimo grado, partiendo de un diagnóstico inicial, desarrollo de encuestas, encuentros pedagógicos participativos y posteriores actividades buscando mejorar el conocimiento y acceso a la información sobre métodos de planificación familiar en los estudiantes.
Foto: Juliana Peña
El impacto fue medible: el conocimiento sobre métodos de planificación familiar pasó del 45 % al 90 %, y la identificación de fuentes confiables de información aumentó del 30 % a cerca del 70 %. En total, más de 330 estudiantes participaron en el proceso.
El proyecto dejó como resultados adicionales afiches informativos, códigos QR con acceso a servicios de salud y guías educativas entregadas al colegio, además de una ruta de actuación articulada con el centro de salud del sector y la Secretaría de Salud.
En la Fundación Amigo de los Niños con Discapacidad para la inclusión en la comunidad (FANDIC), ubicada en Ciudad Norte, María Constanza Jara y Cynthia Tuirán Cardona centraron su intervención en 15 participantes entre padres y cuidadores de niños con discapacidad, una población históricamente desatendida.
Foto: Juliana Peña
A través de escalas validadas y encuentros grupales, se identificaron síntomas del síndrome del cuidador quemado, principalmente en mujeres.
Aunque los indicadores cuantitativos mostraron un aumento en la identificación de síntomas, el equipo interpretó este resultado como un avance en el reconocimiento del problema y en la capacidad de expresar emociones relacionados con el mismo.
Las acciones incluyeron grupos de apoyo, actividades de autocuidado, manejo del tiempo, expresión emocional y espacios de esparcimiento, incluida una salida comunitaria que permitió a los cuidadores reconectarse consigo mismos.
“Se sentían escuchados y acompañados”, relató Jara.
Foto: Juliana Peña
El proyecto evidenció mejoras en la comunicación, la búsqueda de ayuda y el bienestar emocional, y dejó planteada la necesidad de fortalecer el trabajo intersectorial para garantizar su sostenibilidad.
Es de resaltar el impacto social alcanzado por las siete cohortes de la especialidad, en cifras presentadas por la Doctora Piedad Serpa, coordinadora del programa de Educación Interprofesional (EIP) y profesora de la especialidad, quien destacó la continuidad de los proyectos y su aporte a la extensión universitaria.
Foto: Juliana Peña
A la fecha, estas iniciativas han beneficiado a 2.559 personas de 13 comunidades y 29 familias, mediante el desarrollo de 42 proyectos de carácter continuo.
Este trabajo ha permitido intervenir de manera directa en cinco ejes clave para el bienestar comunitario: estilos de vida, preferencias y prioridades en salud, control de la morbilidad, acceso a los servicios de salud y alfabetización en salud, contribuyendo al fortalecimiento de capacidades y a la mejora de la calidad de vida de las poblaciones intervenidas.
Foto: Juliana Peña
La VII Jornada de Socialización de Resultados de Proyectos de Gestión en Medicina Familiar puso en evidencia el valor de una formación médica centrada en la comunidad, donde el aprendizaje se construye a partir del contacto directo con realidades diversas.
Los proyectos presentados reflejaron el compromiso de los residentes y profesores de la Universidad de Santander con una Medicina Familiar sensible, pertinente y socialmente responsable conectada con las políticas públicas, institucionales y con una atención primaria en salud efectiva.
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