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Nury Farelo de la industria del software a la investigación y la formación en inteligencia artificial en la UDES

  • Destacado
  • Jueves, 24 Septiembre 2026 15:35
Fotografía: Edwin Solano

Cuando Nury Farelo Velázquez llegó a la Universidad de Santander (UDES) en 2018, lo hizo para asumir un reto como profesora en un área que empezaba a ganar espacio dentro de la Institución. Venía de trabajar durante años en la industria del desarrollo de software y conocía de cerca las exigencias que enfrentaban los profesionales cuando salían de las aulas y comenzaban a trabajar en proyectos reales.

Su ingreso a la Universidad ocurrió por invitación del ingeniero William Ardila, el entonces director del programa de Tecnología. Había necesidad de profesores y Farelo decidió probar una experiencia diferente a la que había construido hasta ese momento en el sector empresarial. Lo que comenzó como una oportunidad para enseñar terminó convirtiéndose en una trayectoria académica que ya suma ocho años y que ha estado marcada por la docencia, la gestión académica, el desarrollo tecnológico y la investigación aplicada.

“Realmente me gustó mucho todo el tema de la academia y decidí continuar con el proceso y quedarme acá”, recuerda.

Hoy es directora del programa de Ingeniería en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, después de haber pasado por la Tecnología en Desarrollo de Aplicaciones Web y el programa de Ingeniería de Software. En paralelo, cursó en la misma UDES la Maestría en Gestión de Ciencia, Tecnología e Innovación, formación que complementó su experiencia como ingeniera de sistemas egresada de la Universidad Industrial de Santander.

Cuando la tecnología comenzó a cruzarse con otras disciplinas

Durante sus primeros años en la UDES, Farelo encontró un escenario diferente al actual. Los programas relacionados con tecnología todavía estaban consolidándose y el uso transversal del desarrollo de software en otras áreas académicas apenas comenzaba a hacerse visible. El cambio llegó progresivamente. Las necesidades de profesores, investigadores y programas empezaron a requerir soluciones digitales para organizar información, analizar datos, automatizar tareas o desarrollar herramientas específicas. Lo que inicialmente podía entenderse como un campo circunscrito a los programas tecnológicos comenzó a integrarse con otras disciplinas.

“Las diferentes áreas empezaron a ver que el desarrollo de software y el trabajo sobre tecnología eran importantes. Empezamos a ser aliados estratégicos para proyectos en los que se buscaba mejorar procesos”, explica.

Esa integración llevó a Farelo a participar en investigaciones y desarrollos relacionados con biotecnología, proyectos comunitarios e Ingeniería Civil, entre otras áreas. Cada proyecto implicaba trasladar los conocimientos de programación y gestión de información a preguntas que, en principio, podían parecer lejanas a la ingeniería de software. Allí encontró uno de los ejes que han acompañado su trabajo en la Universidad: entender la tecnología no como un fin aislado, sino como una herramienta capaz de integrarse a diferentes campos del conocimiento. Con el tiempo, esa misma lógica abrió espacio para proyectos relacionados con inteligencia artificial.

Datos para entender lo que ocurre en la Universidad

Uno de los procesos en los que Farelo trabajó durante varios años fue Mi UDES, iniciativa en la que participó desde el desarrollo tecnológico y la organización de información. El proyecto le permitió trabajar con datos institucionales, comprender cómo podían estructurarse y analizarse y, sobre todo, cómo podían convertirse en un insumo para apoyar decisiones. Para ella, este tipo de experiencias ayudó a mostrar dentro de la Universidad que el software podía tener aplicaciones que iban mucho más allá de construir una plataforma.

“Empezamos desarrollando algunos sistemas como profesores, también desde Extensión. En Mi UDES trabajé durante varios años organizando toda la parte de datos, entendiendo y apoyando el uso correcto de esos datos para la toma de decisiones”, señala.

Ese proceso coincidió con la expansión de las denominadas tecnologías 4.0 y, posteriormente, con el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial. El siguiente paso fue incorporar modelos y herramientas capaces de automatizar tareas y procesar información con mayor rapidez.

“En los últimos años, con todo el auge de la inteligencia artificial, hemos empezado a trabajar en la inclusión de herramientas y modelos para apoyar procesos que antes también se hacían con tecnología, pero ahora pueden realizarse de manera más rápida y eficiente”, explica.

Ese recorrido también terminó reflejándose en la evolución de la oferta académica de la UDES y en el programa que Farelo dirige actualmente: Ingeniería en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial.

Entre la empresa y el salón de clase

Farelo llegó a la academia después de acumular experiencia en empresas nacionales e internacionales. Esa trayectoria empresarial terminó influyendo directamente en su forma de enseñar. Durante más de 15 años de trabajo en desarrollo de software pudo conocer qué buscan las organizaciones cuando incorporan a un ingeniero, qué responsabilidades asume un profesional en proyectos tecnológicos y qué diferencias existen entre resolver un ejercicio académico y trabajar sobre un sistema real. Por eso, desde que comenzó a dictar clases en la UDES, se propuso reducir esa distancia.

“Muchas veces terminamos idealizando el rol del ingeniero cuando se gradúa, pero cuando el estudiante sale se encuentra con una realidad muy distinta”, afirma.

Su propuesta en el aula parte entonces de combinar el rigor académico con situaciones próximas al ejercicio profesional. Los estudiantes desarrollan proyectos, prueban tecnologías y se enfrentan a decisiones que podrían encontrar posteriormente en una empresa. La diferencia está en que el salón de clase les permite equivocarse.

“Que tengan la posibilidad de fallar en el aula, porque el aula es el espacio para fallar y para equivocarse. Afuera tenemos una responsabilidad muy grande, porque trabajamos con sistemas que pueden ser muy complejos”, explica.

Para Farelo, enseñar ingeniería no consiste únicamente en transferir conocimientos técnicos. También implica que los estudiantes comprendan por qué están aprendiendo determinado concepto, qué problema pueden resolver con él y cómo podría aparecer posteriormente en su ejercicio profesional.

La investigación también se construye con otras áreas

Su recorrido en la UDES la ha llevado a trabajar con profesores y equipos de disciplinas distintas a la informática. Esa interacción ha sido especialmente relevante para los procesos de investigación. La posibilidad de combinar desarrollo de software, análisis de datos e inteligencia artificial con necesidades provenientes de otras áreas ha permitido formular proyectos en los que la tecnología funciona como componente transversal. En algunos casos, el reto ha sido mejorar un proceso. En otros, construir una herramienta, organizar información o explorar cómo un modelo de inteligencia artificial puede aportar a una investigación. Ese trabajo interdisciplinario también ha modificado la forma en que Farelo entiende su propia área. La programación, los datos y la inteligencia artificial dejan de ser únicamente contenidos de una asignatura cuando deben responder a una necesidad concreta de biotecnología, ingeniería o gestión institucional. Es allí donde su experiencia en la industria, la enseñanza y la investigación convergen.

Aprender de quienes están aprendiendo

Después de varios años como profesora, Farelo reconoce que la transformación tecnológica también ha cambiado a los estudiantes. Quienes llegan hoy a un programa relacionado con computación han crecido en un entorno marcado por herramientas digitales, automatización y acceso inmediato a información. Eso obliga a revisar continuamente las metodologías de enseñanza.

“También es importante ir aprendiendo de ellos, entender sus dinámicas, cómo aprenden y qué es importante para ellos”, señala.

La adaptación no significa reducir las exigencias académicas. Para Farelo, implica encontrar maneras de mostrarles a los estudiantes la utilidad de los contenidos y conectarlos con problemas que puedan reconocer. En el aula encuentra perfiles distintos: estudiantes con altos niveles de autonomía, otros que requieren mayor acompañamiento y algunos que todavía están descubriendo su relación con la profesión. El reto es mantener un equilibrio.

“Hay que balancear la forma en que trabajamos para lograr que la mayoría se lleve la mayor cantidad de conocimiento posible”, afirma.

Ocho años después de su llegada a la UDES, la trayectoria de Nury Farelo dentro de la Universidad permite seguir, al mismo tiempo, una parte de la evolución de la tecnología en la Institución: comenzó enseñando en un programa tecnológico, pasó por Ingeniería de Software, participó en proyectos interdisciplinarios, trabajó con datos institucionales, fortaleció su formación en gestión de ciencia, tecnología e innovación y actualmente dirige un programa centrado en ciencias de la computación e inteligencia artificial. Su trabajo se ha desarrollado precisamente en ese punto de encuentro: llevar la experiencia de la industria al aula y utilizar la tecnología para responder a preguntas y necesidades de la investigación.


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