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Bajo la Sombra del Caracolí: comunidad universitaria y aliados externos se encontraron con el patrimonio vivo del cacao en Santander

  • Destacado
  • Martes, 29 Septiembre 2026 16:58
Fotografía: Comunicaciones UDES

Más de 21.000 familias viven del cacao en Santander, un departamento que aporta cerca del 40 % de la producción nacional y donde el cultivo se extiende por más de 56 municipios. Las cifras hablan de su peso económico, pero cuentan apenas una parte de la historia: alrededor de cada cosecha también sobreviven saberes, costumbres y formas de relacionarse con el territorio.

Fotografía: Juliana Peña

Esa otra cara del cacao fue la que llegó a la Universidad de Santander (UDES) durante Bajo la Sombra del Caracolí: Aromas de Cacao. Allí, el fruto salió por un momento de su escenario habitual: los participantes probaron chocolatinas provenientes de diferentes lugares de Colombia, degustaron chocolate caliente y hasta utilizaron cacao para pintar.

La experiencia nació con la intención de acercar a los estudiantes a un producto que forma parte de la identidad de la región, pero no únicamente desde sus características agrícolas o económicas.

Fotografía: Juliana Peña

"El cacao es mucho más que un fruto: es memoria, identidad, tradición y patrimonio vivo de Santander y Colombia. Detrás de cada semilla habitan historias de familias, saberes, territorios, manos campesinas y generaciones que han mantenido viva una riqueza que merece ser reconocida, protegida y celebrada", explicó Sandra Milena Rivero Tapias, organizadora de la actividad y profesora del programa de Instrumentación Quirúrgica de la UDES.

Esta actividad también fue acompañada por Slam Santanderes, representado por Andrea Garcés, quien guio con sensibilidad y creatividad el taller de pintura con tintura de cacao.

Entre pinceles, aromas y colores, el cacao dejó de ser solamente un fruto para convertirse en una forma de expresión. Cada trazo permitió descubrir que nuestro territorio también se pinta, se siente y se cuenta a través del arte. Fue un encuentro en el que la tradición se transformó en creación y el cacao se convirtió en una nueva manera de conectar corazones con nuestra cultura.

Fotografía: Juliana Peña

Por eso, durante la jornada el arte se convirtió en una manera de aproximarse a esa historia. “Creemos que educar también significa enseñar a nuestros estudiantes a amar lo que somos, reconocer nuestras raíces y sentir orgullo por la riqueza cultural de nuestro territorio”, agregó Rivero Tapias.

La actividad fue liderada desde el programa de Instrumentación Quirúrgica, con la participación de Creación Artística y Cultural de la Vicerrectoría de Extensión e invitados relacionados con el sector cacaotero y cultural.

Un cultivo que sostiene familias y territorios

Las cifras que abren esta historia tienen detrás miles de pequeños productores. Jacqueline Vargas Barbosa, coordinadora regional de la Federación Nacional de Cacaoteros en Santander, explicó que buena parte de ellos trabaja en parcelas de entre tres y cinco hectáreas.

Fotografía: Juliana Peña

“Son pequeños productores que tienen entre tres y cinco hectáreas de cacao y realmente es una fuente de la economía para ellos”, señaló.

La producción está presente en más de 56 municipios de Santander, entre ellos San Vicente de Chucurí, El Carmen de Chucurí, Rionegro, El Playón y Lebrija, además de municipios de la provincia de Vélez.

Vargas Barbosa conoce de cerca ese mundo. Es ingeniera agrónoma y lleva 32 años trabajando en el sector cacaotero, una trayectoria que comenzó en San Vicente de Chucurí recién graduada de la universidad y que ha estado vinculada a procesos de extensión, asistencia técnica e investigación.

Fotografía: Juliana Peña

Esa experiencia le ha permitido comprobar que reducir el cacao al producto que finalmente llega al consumidor deja por fuera buena parte de su significado.

“Detrás de un fruto de cacao y de un árbol existen familias, cultura y arraigo. Esta es también una oportunidad para contar un poco de lo que hacemos y del aprovechamiento de este cultivo desde los ámbitos social, ambiental, cultural y productivo”, afirmó.

Mucho más que el grano

Una de las ideas que atravesó la jornada fue precisamente cuánto puede desconocerse de un fruto tan familiar.

“El cacao es maravilloso porque todo lo que contiene el fruto puede ser aprovechado: desde su corteza y cáscara hasta el mucílago, la placenta y, por supuesto, el grano, del cual se obtienen los chocolates”, explicó Vargas Barbosa.

Su relación con el entorno también tiene características particulares. El cacao requiere sombra para desarrollarse y puede cultivarse bajo sistemas agroforestales, en los que comparte espacio con árboles maderables, frutales y productos como maíz y yuca.

Esta asociación permite diversificar las parcelas y, según explicó la representante de Fedecacao, contribuye a la seguridad alimentaria de las familias productoras.

Fotografía: Juliana Peña 

La cultura alrededor del cacao también busca llegar a nuevas generaciones. La Federación desarrolla Sembrando Futuro, un programa de inclusión infantil y juvenil alrededor de la actividad cacaotera. En ese sentido, Vargas Barbosa destacó el encuentro con la academia y el intercambio de experiencias que pueden surgir de propuestas como la pintura con cacao.

Del campo a una experiencia universitaria

La jornada permitió reunir en un mismo espacio dimensiones que pocas veces aparecen juntas cuando se habla de cacao: su importancia económica, las familias que dependen de su cultivo, su relación con el ambiente y las posibilidades que ofrece como elemento cultural y artístico.

Fotografía: Juliana Peña 

Para Rivero Tapias, allí también existe una oportunidad formativa. La intención es que los estudiantes comprendan que conocer el territorio y sus manifestaciones culturales puede hacer parte de su formación, incluso cuando su área profesional parece distante del campo.

Así, aquello que en Santander sostiene a miles de familias llegó a la Universidad convertido también en sabor, conversación y pintura. El mismo fruto que crece bajo la sombra de los árboles sirvió para hablar de lo que permanece alrededor de él después de generaciones.

Rivero Tapias lo resumió al cierre de la experiencia: “El cacao se convierte en aroma, el aroma en memoria, la memoria en arte y el arte, en una forma de amar lo nuestro”.

Fotografía: Juliana Peña 

Consulta aquí el álbum completo

Bajo la Sombra del Caracolí: Aromas de cacao, una tarde con chocolate y tradición


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